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El quince de junio de 1300 don Diego López de Haro V, en su calidad
de Señor de Bizkaia, emitió en Valladolid un documento que consagraba a
Bilbao como villa: su carta puebla, así llamada porque fomentaba el
establecimiento de gentes en la localidad. Para ello le otorgó medios
económicos y ventajas legales. Aquellos consistían en un amplio término
geográfico, con abundantes recursos silvícolas e hidráulicos de uso
común, y diezmos y otras percepciones eclesiásticas en especie. Los
privilegios implicaban, primero, un fuero propio, que garantizaba
equiparación jurídica –no socioeconómica- a los vecinos, esencial en
una sociedad basada en la desigualdad del estatus personal; por ende,
un marco institucional y administrativo propio, plasmado en el concejo;
y, sobre todo, derechos comerciales, como el mercado semanal y la
exclusividad comercial en la Ría hasta Portugalete y Areta (Álava). Con
ello, el Señor pretendía reforzar un establecimiento unos veinte años
anterior que había sin duda demostrado su eficacia como puerto y
catalizador mercantil en la salida de Castilla hacia la ruta marítima
del Atlántico Norte europeo, de creciente relevancia en giro y
beneficios. Para ello se granjeó el beneplácito de la nobleza local,
ofreciéndole buena salida a sus excedentes de madera, ganado y cuero
vacunos y hierro en tocho o elaborado, y contó con el apoyo de una
oligarquía pequeña pero pujante de intermediarios y transportistas, que
darían al nuevo villazgo el carácter que ha mantenido casi hasta
nuestros días.
Enriqueta Sesmero
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